domingo, 30 de noviembre de 2008

Una joya bibliográfica

Una profunda emoción me embarga. Después de años de búsqueda compruebo que no soy la única persona que ha sentido un pálpito especial al tener la obra de Paco entre sus manos.
Y puedo añadir algo más, tu conjetura ecdótica la he visto confirmada:
Sí, era –mi– esa sílaba traviesa que decidió desvanecerse un día de la portada de tu ejemplar de sonetos. Por fortuna no logró escaparse del todo en la copia crujiente que llegó hasta mis manos. Borroso, como perdiéndose entre la bruma del papel amarillento, todavía puede leerse el título completo en aquel viejo poemario. Lo encontré un día otoñal rebuscando en el altillo de una librería de segunda mano, y lo conservo como uno de mis tesoros más preciados.





Con la exquisita sencillez de las ediciones de aquellos años heroicos, peleando contra el paso inevitable de los años, por fin la obra de Paco nos ha llegado.

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